Por más de 60 años las palabras secuestros, homicidios, desaparecidos, preguntas como ¿qué pasó?,¿dónde están?,¿quién los tiene?, han estado presente en las familias de las 4.234 víctimas del conflicto armado en el departamento de Santander, según el Observatorio de Memoria y Conflicto.

La disputa territorial entre las FARC, ELN Y EPL en el municipio de Barrancabermeja generó un sin número de desaparecidos y hoy se hacen esfuerzos para hallarlos. Una labor que ha jalonado la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, ASFADDES, que alertó sobre la necesidad de buscar a las víctimas e hizo el llamado para que autoridades y habitantes del Magdalena Medio alcen su voz, en aras de encontrarlos.

“Se reporta ante la Red Nacional de Información y la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, 12.700 casos de desaparición entre los años 1984 al 2018. Entre los municipios con más casos se encuentran: Puerto Berrío con 1.846, Barrancabermeja con 1.551 y Arenal con 818”.
Tomado de la Comisión de la Verdad

Décadas de incertidumbre

—Mami véngase, a Jhonatan se lo llevaron.

Luego de escuchar esas palabras, el desespero, la angustia y el dolor invadieron a Luz Dary Camargo. La vida le cambió, hoy, 23 años después, recuerda sin asomo de resignación que a la mesa de su casa le hace falta un integrante.

La tarde del 19 de abril de 1999, Jhonatan salió de su casa como todos los días en los que solía jugar fútbol. En esa ocasión un supuesto reclutador de deportistas iba a ver su debut para ayudarlo a cumplir su sueño de ser un jugador profesional. Él aprovechaba los días en los que su mamá no estaba en la casa para ir a practicar, “con mi consentimiento solo fue dos veces a jugar, y siempre llegaba de mal genio si perdía su equipo”, cuenta la mamá.

A eso de las 6:30 Luz Dary llegó a la casa en busca de respuestas, alguna que le ayudara a saber ¿dónde estaba su hijo?, pero la única información con la que contaba era de que un hombre se lo había llevado. Con el corazón agitado, las manos temblando de miedo y preocupación, salió con su esposo a buscarlo por las canchas del pueblo.

Créditos música: Contenidos de la Comisión de la Verdad: corresponden a los contenidos de titularidad de la Comisión de la Verdad, y están licenciados con Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional (CC BY-NC-SA 4.0). Letra: Eliana Sofía Angulo Música: Alí Cuama Arreglos: Alí Cuama, Hugo Candelario Interpretación: Agrupación Bombo Negro

 —Yo llegué a la cancha y lo vi, esta vez sí pude saber quién era el hombre que sabía dónde estaba mi hijo, pues ya me lo habían descrito, incluso sabía que su nombre era Jaime Lobo y pertenecía al grupo armado ELN… recuerdo que me le acerqué y le dije: “hijueputa, entrégueme a mi hijo, ¿por qué se lo llevó?". Él me agarró del pecho y me tiró al piso y me apuntó con una pistola.

—Piérdase y cuidadito me entero que usted está buscando a su hijo—, fue lo que me respondió.

Luz Dary recuerda, como si lo viviera de nuevo, que salió corriendo como alma que lleva el diablo para su casa, pues con la amenaza no tenía más opción. A los ocho días de búsqueda volvió a ver a quien la amenazó, “pasaba por la cancha pues era la ruta para poder ir a la iglesia y ahí estaba otra vez él, empezó a silbar, yo fui a ver qué quería y en eso me dice ‘ya le tengo la razón de su hijo, pero yo no lo recluté, no lo busque más’”, me dijo.

Créditos música: Contenidos de la Comisión de la Verdad: corresponden a los contenidos de titularidad de la Comisión de la Verdad, y están licenciados con Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional (CC BY-NC-SA 4.0). Letra: Eliana Sofía Angulo Música: Alí Cuama Arreglos: Alí Cuama, Hugo Candelario Interpretación: Agrupación Bombo Negro

Las amenazas y hostigamientos los hicieron cambiar de casa, sin embargo, eso tampoco funcionó. En las afueras de su negocio empezaron a pasearse personas extrañas con más frecuencia.

Después de dos meses, Jhonatan apareció en la puerta de la casa de sus papás, con los pies hinchados. Se logró escapar y arrojó el fusil al río Magdalena.

—Yo lo vi llegar y lo primero que hice fue sacarlo y llevarlo a otro barrio, pero no sabía que nos tenían vigilados y que mi hijo se había fugado—, cuenta Luz Dary.

Todo parecía estar bien, la familia había vuelto a estar completa, pero no duró mucho. Una semana más tarde, hombres que hacían parte del ELN se lo volvieron a llevar, lo sacaron por una de las ventanas de la casa y el calvario volvió a empezar.

–El papá de mis hijos y un tío fueron a buscarlo. Ahí estaba, pero no dejaban que hablaran con él. Solo decían que ellos nos lo iban a entregar al otro día, pero, no lo llevaron a los dos días.

Créditos música: Contenidos de la Comisión de la Verdad: corresponden a los contenidos de titularidad de la Comisión de la Verdad, y están licenciados con Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional (CC BY-NC-SA 4.0). Letra: Eliana Sofía Angulo Música: Alí Cuama Arreglos: Alí Cuama, Hugo Candelario Interpretación: Agrupación Bombo Negro

La paz nunca se volvió a sentir en el hogar, aún estando juntos, pues cuando creían que todo estaba bien volvían los hombres armados. Así fue, a los ocho días de estar por segunda vez en casa, un hombre llegó a las 12 de la noche tocando la puerta de la casa, Luz Dary abrió y lo vio parado, el visitante miró al fondo donde se encontraba Jhonatan y le dijo “es hora de irse”.

–Yo lo abracé y le dije que no se fuera, pero el hombre nos dijo que no, que si no se iban nos moríamos todos–, relata Luz Dary tratando de tomar aire para seguir con el relato. Jhonatan se fue otra vez de su hogar, impulsado por el miedo de que le hicieran algo a su familia.

Al paso de 3 años los hombres armados deciden una vez más contactarse con Luz Dary, el día del cumpleaños de Jhonatan, avisando que su hijo se encontraba en el Chicó haciendo una llamada, por esta razón decide viajar hasta allá con una sobrina, pero, le comentan que todo se trató de una trampa, querían callar su voz.

Créditos música: Contenidos de la Comisión de la Verdad: corresponden a los contenidos de titularidad de la Comisión de la Verdad, y están licenciados con Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional (CC BY-NC-SA 4.0). Letra: Eliana Sofía Angulo Música: Alí Cuama Arreglos: Alí Cuama, Hugo Candelario Interpretación: Agrupación Bombo Negro

–Al volver, yo no salía de la casa por esperar la llamada de mi hijo, yo solo quería saber si estaba bien –. Tuvieron que pasar seis meses para recibir la primera y última llamada por parte de Jhonatan.

Para la llamada, “mi hijo primero habló con mi esposo, le dijo que me avisara, que me iba a llamar al Telecom, yo no lo pensé y salí corriendo con mis otros hijos”. En medio de su afán, desesperación y esperanza, recuerda bien su voz de miedo y con unas lágrimas en su rostro hace mención que “es como si no estuviera solo, al lado había alguien".

Lo primero que me dijo cuando contesté fue “ aló mamá?, bendición”, yo escuché eso y me solté en llanto, solo quería preguntarle ¿cómo estaba?, ¿quién lo tenía?, pero no me decía nada, lo único que escuché antes de colgar fue “yo no puedo regresar más nunca a la casa, haga de cuenta que yo no nací”.

Esas fueron las últimas palabras que pudo escuchar Luz Dary de su hijo y hasta la fecha han sido 23 años de búsqueda, en los que ha recibido llamadas amenazantes, incluso intentos acabar con su familia, persecución. Sin embargo, la esperanza de encontrar la respuesta de ¿cuándo volverán a saber algo sobre Jhonatan? Aún permanece entre ellos.

El río y sus muertos

Se han encontrado, al menos, 320 cuerpos en el río Magdalena, convirtiéndolo en un verdadero cementerio. Exjefes paramilitares como Ramón Isaza declararon que “si drenan al Magdalena encontrarán la fosa común más grande de Colombia”.

En el 2007, el mismo Isaza, quien comandaba las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, confesó que nunca cavó fosas porque todos sus muertos iban para el río, haciéndolo testigo de cientos de historias de desaparición y muertes, que quedarán enterradas en fosas de aguas imposibles de cavar.

Barrancabermeja hace parte de los 728 municipios que cruzan el Magdalena, donde las víctimas de la guerra y del reclutamiento forzado han terminado enteros o por partes, convirtiéndose en un corredor de sangre. A la fecha muchos de estos muertos han quedado sin dolientes ni sepulcros.

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Sentada en una silla en la sala de su casa, con una fotografía entre sus manos, y usando una camisa blanca con varios rostros, Alix Vega relata el día que se llevaron a su esposo —el hombre con el que tuvo tres hijos— el 27 de febrero de 1999.

– Alix cuenta que “era un domingo, ya eran más o menos las 4:30 de la tarde, cuando dos jovencitos llegaron a la casa a decirme que se habían llevado a mi marido. Yo al principio no les creía, porque yo sabía que ellos siempre molestan y pensé que era una broma”.

– ¿Quiénes se llevaron a Miguel?

– Vecina, los paracos.

La idea de que habían secuestrado a su esposo le empezó a retumbar en la cabeza, por lo que no dudo en salir corriendo y dejar a sus hijos en la casa solos. Recuerda que llegó a la casa de su cuñada para contarle, el miedo se apoderó de ellas, “yo estaba temblando tanto que cuando dejé a mi hijo menor en la cama no supe si se cayó o que, yo solo quería buscar ayuda”.

Tiene presente que salió “a buscarlo pensando que todo era fácil, que como lo habían cogido, así de esa manera lo iban a soltar rápido, pero no fue así, lo único que sabía era que iba para la represa, y ahí fue donde lo cogieron, dejaron el taxi solo, sólo se lo llevaron a él”.

Han pasado 23 años desde su desaparición y Alix no ha querido cambiar de casa. Aunque dice que en su corazón siente que él está vivo y guarda la esperanza de que en algún momento tocará a su puerta. En una audiencia que tuvieron con Mario Jaimes Mejía, alias 'el Panadero', el panorama fue desalentador.

—Uno no sabe si lo que dicen es verdad o mentira, Mario dijo que a mi esposo se lo llevaron para San Rafael de Lebrija, Santander, junto con Edgar Sierra Sidray, donde un tal Camilo Morante y que lo habían matado y tirado al río Lebrija. Es la hora y no sabemos si realmente está ahí.

Hasta el día de hoy, Alix ha tenido apoyo de ASFADDES y la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas.

—En mi ignorancia como ama de casa nunca entendí el porqué de tantas personas que iban a la Cruz Roja Internacional, pero cuando me tocó llegar allá fue que me puse en los zapatos de las personas que llevan esta lucha. A partir de esto mi mundo se dividió en dos. 

En uno de esos mundos, Alix escuchaba lo que le hablaban, pero en el otro quería quitarse la vida, “constantemente me preguntaba qué voy a hacer con mis tres hijos, no tenía empleo, dependía de Miguel”.

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Ese mismo 27 de febrero de 1999 murieron 12 personas en el conocido “Recorrido de la muerte” que realizó las FARC saliendo del barrio Providencia, zona Nororiental, donde mataron a dos personas en una ciclovía, siguiendo en el barrio Versalles donde asesinaron a una y en el barrio La Esperanza mataron otro más. Pasando por la localidad Obras Públicas donde desaparecieron a Edgar Sierra, de 17 años. Por la carretera principal mataron a uno más quien era trabajador de un banco, llegaron a la Virgen, cerca de un balneario, y desaparecieron a Luis Miguel Cifuentes y mataron otro taxista, en la siguiente parada mataron a otras dos personas, y a unos 100 metros otro más.

 

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El 22 de septiembre de 1988 en Puente Boyacá, Bernardo Suarez León fue sacado de su residencia y solo ocho días después le avisaron a su familia. “Él era el papá de mis hijos, una gran persona. Como esposo ni mandado a hacer, y como padre todas las cualidades”. Así lo describe su esposa Derly, mientras la voz se le entrecorta y los ojos se le iluminan recordándolo. 

“Es muy difícil para mí hablar de esto, pues han sido 34 años de mucho dolor, vivir con la pregunta ¿dónde estará?”. Para esta familia afrontar la desaparición ha sido difícil y más porque las entidades nunca los ayudaron a averiguar algo sobre su paradero.

“Había un testigo clave, era mi esperanza de poder encontrarlo, él sabía cosas y estaba interesado en contarlas ante la unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas, pero no lo hizo porque nunca se lo permitieron. Me acuerdo que llamé a la entidad y les dije que tenía el número de ese testigo, pero nunca se contactaron con él, esperaron a que se muriera para decirme que lo iban hacer. Entonces, ustedes me disculparan, pero la Unidad de Búsqueda no me sirvió para un carajo”, relata Derly.

Recuerda que en medio de la búsqueda y ante la ayuda nula, salió un domingo junto con un sobrino para Puerto Boyacá, sin darse cuenta que dos camionetas blancas con varios tipos armados estaban siguiéndolos, “cuando me percaté de que nos estaban vigilando a mí no me importó, aun así decidí ir a la Fiscalía, inspección de policía, batallón… solo me faltó el cementerio”.

Todo fue en vano, nadie le dio respuestas ni explicaciones de lo que había ocurrido con el papá de sus hijos. Al lunes siguiente Darly y su sobrino se fueron a una cafetería, dos hombres llegaron, entraron y se sentaron, sacaron las armas y las pusieron encima de una silla, estaban avisados de que yo estaba buscando a mi esposo…

Las historias de los desaparecidos en Colombia son miles. Cada familia que ha sufrido —y sufre— por este delito buscan seguir teniendo voz para conseguir respuestas sobre sus seres queridos.  Esta es una búsqueda que no tiene pausa y en la que todos los esfuerzos suman, por eso en la camisa de Alix, donde están los rostros de algunos desaparecidos se lee como consigna: “porque las historias no solo se cuentan, se siguen escribiendo desde la resistencia”.